¿De quién son la web y el dominio?
Es la pregunta más importante. El dominio debería estar a tu nombre, no al de la agencia. También los archivos de la web, los textos y las imágenes deberían entregársete, con las licencias de uso aclaradas. Si algún día quieres cambiar de proveedor, tienes que poder llevártelo todo.
¿Qué incluye exactamente?
Número de páginas, idiomas, textos, fotos, funciones, servicios externos: todo debería estar escrito en la propuesta. Pregunta también qué no está incluido: los malentendidos nacen casi siempre ahí.
- Páginas e idiomas acordados
- Quién escribe los textos y quién aporta las fotos
- Funciones y servicios externos
- Costes recurrentes de terceros (dominio, hosting, suscripciones)
¿Cómo se hacen los cambios después?
Pregunta si podrás actualizar tú textos y fotos, si recibirás un manual y cómo se presupuestan los cambios posteriores. Si hay una cuota de gestión, pide por escrito qué incluye, con ejemplos concretos.
¿Cómo comprobáis el trabajo?
Una web hay que probarla en móvil, tableta y ordenador, en todos los idiomas, con los formularios y los enlaces. Pregunta qué pruebas hace la agencia y si te entrega un informe. Y pide ver trabajos reales, publicados, no solo imágenes.
¿Qué pasa si cambio de proveedor?
Una buena agencia no te tiene atado con accesos o archivos retenidos. Pregunta qué recibes al final —archivos fuente, accesos, documentación— y cómo sería el traspaso a otro proveedor.
